¿De qué manera responde América Latina a las tensiones globales?

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América Latina enfrenta actualmente un punto crucial en su interacción global, caracterizado por diversas tensiones que surgen tanto de disputas geopolíticas mundiales como de desafíos internos dentro de la región. En años recientes, la transformación del orden internacional —influenciada por la competencia entre Estados Unidos y China, el conflicto en Ucrania y las disputas en el ámbito energético y tecnológico— ha presentado nuevos retos y oportunidades para las naciones latinoamericanas. Evaluar cómo responde América Latina a estas presiones externas implica considerar tanto sus enfoques diplomáticos como sus medidas económicas y políticas sociales.

Esfuerzo diplomático proactivo y aspiración de autonomía en la región

Uno de los principales rasgos de la respuesta latinoamericana es la afirmación de una diplomacia plural y pragmática. Muchos países han optado por una postura de no alineamiento estratégico, es decir, evitar tomar partido de manera rígida por uno u otro polo de poder, mientras exploran espacios de cooperación con diversos actores internacionales.

Por ejemplo, Brasil bajo el liderazgo de Luiz Inácio Lula da Silva ha reiniciado iniciativas como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y el relanzamiento de sus relaciones con Estados Unidos, la Unión Europea y China. A nivel multilateral, Brasil busca fungir como mediador en conflictos como el de Rusia y Ucrania; además, promueve una reforma al sistema financiero internacional que respete las necesidades de los países emergentes. Chile y México, por su parte, se han mostrado igualmente comprometidos con una política exterior independiente, abogando por el fortalecimiento institucional de la región y la defensa del multilateralismo.

En otros momentos, naciones como Colombia, lideradas por el gobierno de Gustavo Petro, han puesto como foco la cooperación regional y la gestión conjunta de cuestiones como la crisis migratoria y el combate al cambio climático. Todo esto indica un renovado esfuerzo por lograr autonomía política, donde América Latina busca equilibrarse entre las influencias de las grandes potencias sin descuidar sus propios intereses.

Economía, comercio e inversiones: adaptarse a la incertidumbre

Las disputas globales han influido directamente en el comercio, la inversión y la estabilidad económica en América Latina. Un ejemplo significativo es la guerra en Ucrania, que provocó una crisis en los precios internacionales de alimentos y energía, impactando de forma desigual a los países de la zona.

Por un lado, economías como Argentina y Brasil, prominentes exportadores de productos agrícolas y minerales, han recibido un impulso por el incremento de la demanda mundial ante la escasez generada por el conflicto. Sin embargo, el aumento de los precios del gas y el petróleo ha golpeado con fuerza a países importadores netos como Chile, Perú o Centroamérica.

En este contexto, el interés chino por los recursos naturales latinoamericanos se ha consolidado, con nuevas inversiones en sectores estratégicos como el litio, el cobre, la agroindustria y las energías renovables. China ha reforzado su presencia mediante foros como la Franja y la Ruta y el Consejo China-CELAC, presentándose como socio alternativo en tiempos de tensiones con Occidente.

Sin embargo, esta diversificación también ha exigido mayor profesionalización de la gestión comercial y la protección de los recursos nacionales, ya que existe el riesgo de una reprimarización económica y de conflictos socioambientales por el modelo extractivista. Además, la incertidumbre global ha incentivado a varios países a reforzar políticas de sustitución de importaciones, reindustrialización y desarrollo tecnológico para reducir su vulnerabilidad ante choques externos.

Desafíos sociales, seguridad y migración

Inseguridad y migraciones masivas son factores que afectan cómo América Latina responde a las tensiones internacionales. Los movimientos migratorios irregulares, que incluyen a ciudadanos de Venezuela y Haití, así como a centroamericanos que se dirigen a Norteamérica, requieren de una colaboración regional más cercana e innovadora.

Panamá, Costa Rica y México han establecido convenios multilaterales y mecanismos conjuntos de atención a migrantes, al tiempo que solicitan mayor corresponsabilidad de la comunidad internacional. Adicionalmente, la cooperación en seguridad se ha intensificado, con acuerdos para combatir el crimen transnacional, el narcotráfico y el tráfico de personas, fenómenos alimentados por la inestabilidad global y el debilitamiento institucional.

A nivel socioeconómico, la inflación, la desigualdad y el aumento de la pobreza, acrecentados tras la pandemia y los vaivenes del mercado mundial, han propiciado protestas y reclamos sociales en varios países. Como respuesta, algunos gobiernos han apostado por programas de transferencias directas, políticas de subsidio energético y mesas de diálogo multisectorial. No obstante, el margen fiscal limitado y la falta de consensos políticos dificultan la sostenibilidad de estas medidas a largo plazo.

La función de América Latina en la transformación ecológica mundial

Las tensiones crecientes en relación con la crisis climática y el cambio hacia economías con menor emisión de carbono ofrecen tanto retos como posibilidades para la región. América Latina tiene una de las matrices energéticas más limpias a nivel mundial, debido a sus recursos hidroeléctricos y su capacidad para desarrollar energías renovables como la energía solar y la eólica.

En cumbres internacionales, la región ha abogado por una financiación climática justa, el reconocimiento de la deuda ecológica y la cooperación Norte-Sur. Países como Uruguay y Costa Rica destacan por sus políticas avanzadas de descarbonización y conservación de la biodiversidad, mientras Brasil y Perú negocian mecanismos internacionales de pago por servicios ambientales y mercados de carbono.

Al mismo tiempo, la presión sobre el Amazonas y otros ecosistemas importantes impulsa el debate sobre la soberanía de los recursos, el manejo social y la explotación responsable. La diplomacia en América Latina intenta balancear la atracción de inversiones sostenibles con la protección de las comunidades locales, formando alianzas como la Cumbre Amazónica y foros de discusión regional sobre justicia climática.

El futuro de la región

La respuesta de América Latina a las tensiones globales constituye un entramado complejo en el que convergen pragmatismo diplomático, agilidad económica y activismo social. La región evidencia, a través de múltiples frentes, su capacidad para adaptarse, negociar y plantear alternativas propias en medio de la incertidumbre internacional. Cada experiencia, desde la gestión de recursos hasta la defensa de la autonomía y la búsqueda de nuevos consensos, contribuye a definir el papel latinoamericano en un mundo de cambios acelerados y oportunidades inéditas. El reto seguirá siendo transformar la flexibilidad actual en cohesión duradera y en estrategias que fortalezcan la voz colectiva de la región en el concierto global.

Por Jorge A. Bastidas

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