Descubrimientos en Colombia muestran que el temido «ave del terror» también fue cazada hace 13 millones de años

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Un reciente análisis paleontológico llevado a cabo en Colombia ofrece una perspectiva diferente sobre uno de los cazadores más temibles del Mioceno Medio: el ave del terror. Este ser, una especie no voladora que podía llegar a medir hasta 2,5 metros de alto, ha sido visto durante mucho tiempo como un predador dominante de esa época en Sudamérica. No obstante, un descubrimiento reciente en el desierto de Tatacoa indica que inclusive estos impresionantes cazadores podían ser presa de otros depredadores igualmente fuertes.

Una escena congelada en el tiempo

El estudio se centra en un fósil de hueso de pata perteneciente a un ave del terror que presenta claras señales de mordeduras. Este descubrimiento ha sido interpretado como evidencia de un posible ataque por parte de un gran reptil carnívoro, posiblemente un Purussaurus neivensis, un tipo extinto de caimán que podía superar los cinco metros de longitud. Las marcas, sin señales de curación, indican que el ataque fue mortal o que el ave ya estaba muerta cuando fue devorada, dejando abierta la posibilidad de que fuera carroña.

Mediante el uso de escaneos 3D, los científicos reconstruyeron la escena de lo que consideran un enfrentamiento letal entre dos de los depredadores más imponentes del ecosistema sudamericano prehistórico. Esta interacción depredador-depredador es considerada un hallazgo poco común y de gran valor científico, ya que permite inferir dinámicas poco documentadas entre especies que coexistieron hace millones de años.

Un ambiente feroz y concurrido

En el período del Mioceno Medio, hace alrededor de 13 millones de años, el desierto de Tatacoa no era el árido paisaje que conocemos actualmente, sino una extensa área de humedales y ciénagas. En este entorno fértil y húmedo, las condiciones favorecieron la presencia de una gran diversidad de fauna, sobresaliendo aves carnívoras gigantes, como el ave del terror, y enormes reptiles acuáticos.

Estos entornos naturales, ricos en vida y competencia, generaban interacciones complejas entre especies. Las aves del terror, aunque formidables en tierra firme, podían quedar en desventaja ante ataques sorpresa desde el agua. Las estrategias de caza de los grandes reptiles, similares a las de cocodrilos actuales, incluían emboscadas desde la orilla, lo que explicaría cómo una criatura tan imponente como el ave del terror pudo haber caído ante un cazador más sigiloso.

El valor de un hueso pequeño

El fósil clave de esta investigación fue descubierto hace más de 15 años por un coleccionista de la región. Inicialmente conservado como parte de una colección personal, el pequeño hueso, del tamaño de un puño, fue posteriormente analizado por científicos colombianos, quienes lograron identificarlo como parte de una de las extremidades de un ave del terror. La rareza de este tipo de fósiles le confiere un valor especial, no solo por su escasez, sino también por las revelaciones que proporciona.

Las marcas evidentes en el hueso fueron la clave que hizo que los investigadores pensaran en la participación de un depredador diferente. Al cotejar estas señales con mandíbulas fósiles de antiguos reptiles que están conservadas en museos, los científicos determinaron que el agresor fue un caimán prehistórico. Este tipo de estudio no solo ayuda a identificar al agresor, sino que también permite recrear las interacciones en el ecosistema del pasado.

Una nueva perspectiva sobre el «ave del terror»

Durante muchos años, el ave del terror ha sido vista como un ícono del control terrestre en la antigua Sudamérica. Su gran tamaño, poder y habilidades cazadoras la hacían un oponente formidable. No obstante, esta reciente evidencia ofrece una nueva perspectiva: su fragilidad.

Este hallazgo desafía la imagen unilateral del ave como cazadora implacable y la sitúa en un contexto más realista, donde incluso los depredadores más feroces podían ser víctimas. Este enfoque enriquece la comprensión de los ecosistemas extintos, mostrando que la competencia era intensa y que la supervivencia dependía tanto de la fuerza como de la estrategia y el entorno.

Un mundo más feroz de lo que se creía

Los fósiles encontrados en el Desierto de Tatacoa proporcionan no solo datos valiosos sobre la existencia de hace millones de años, sino que también descubren un lado menos conocido de los grandes depredadores antiguos. La ave del terror, habitualmente considerada como un líder dominante, se muestra ahora como parte de un entorno donde el peligro podía surgir de cualquier dirección, incluso desde el fondo lodoso de un río. Estos descubrimientos motivan a reevaluar cómo era la batalla por perdurar en esos viejos paisajes, en donde cada especie, por más temible que pareciera, tenía su debilidad.

Por Jorge A. Bastidas

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